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jueves, 23 de mayo de 2019

Hermanos

Por Miguel Cruz Suárez/Noticias A Tiempo

Cuando el curso escolar ya había iniciado y andábamos por el mes de noviembre del año 1981 llegaron a la Secundaria dos alumnos nuevos: Orlando y Osvaldo, quienes más tarde serían bautizados como ¨Los Hermanos Moléculas¨ por su total coincidencia con esas partículas que estando cerca se repelen y de lejos se atraen. Ellos encarnaban ese tipo de relación que tienen algunos hermanos, juntos como perro y gato, pero si los separas mucho se sumergen en una añoranza de película.
La hermandad es de los parentescos más afectivos y diversos. Un(a) hermano(a) es el engranaje biológico que más se te parece, aunque a veces en apariencias algunos difieran bastante y otros, como los gemelos, se aproximen peligrosamente provocando la confusión en los observadores. Algunos conforman una especial cofradía integrada por varios miembros y otros no pasan de un dúo. Antes, eran más comunes las proles numerosas, ahora el piquete se ha reducido de tal manera, que la categoría de TÍO está muchas veces en peligro de extinción.
Después de la infancia en que las hermandades pasan por una turbulenta etapa de belicosidad y tiradera de moños (e incluso de piedras) las aguas generalmente toman su nivel y se hacen las paces, aunque de vez en cuando se produzcan algunas escaramuzas por aquello de que ¨yo soy el hermano mayor y me tienes que obedecer¨ o por discrepancias en cuanto preferencias y gustos.
En una de las casas de mi vecindad, cuando yo cubría la ruta de la infancia – adolescencia, convivían siete hermanos y se armaban unas trifulcas consanguíneas que resultaban antológicas y todo porque a los siete le dio por preferir el corazón del pollo cuando sacrificaban uno de esos animalitos para la comida y por buenos que fueran los sentimientos que tuviera el ave y su corazón fuese bien grande, nunca era lo suficiente como para partirlo en tantos pedazos.
La peor parte la llevan los que se quedan solos y no descubren la maravilla de los hermanos, la confesión de amigos, la presencia segura cuando las cosas fallan, el sobrino o la sobrina con sus caras risueñas y sus pícaros planes de secuestrar el alma, la defensa oportuna cuando se ofende al otro y el regaño ceñudo si el error es muy grave.
Es tan extraordinario el lazo que los une y es de tanto valor la relación que se urde; que, si quieres decir a una persona amiga, un elogio supremo o mostrarle la prueba de tu afecto sincero, solo debes decirle: ERES COMO UN HERMANO(A).

El autor es cubano, colaborador de los periódicos Granma y Juventud Rebelde.

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