Perfil

José Manuel Castillo, Director de Noticias A Tiempo.Net, Cont: josemlct11@hotmail.com, Cel 809 816-0105, Santiago, República Dominicana.

miércoles, 4 de abril de 2018

Martin Luther King: Cincuenta años no asesinan un sueño

Martin Luther King Jr., 
ejemplar defensor de los 
derechos civiles. Foto: Internet
Fuente, Cuba Debate

El discurso por el que hoy es recordado el activista estadounidense, Martin Luther King, se tituló: “Tengo un sueño (I have a dream)”. Las tres palabras se volvieron un hito. Cientos de políticos y presidentes de todo el mundo han usado esa misma frase en eventos públicos. Pero ninguna ha sido tan poderosa como la que protagonizó Luther King el 28 de agosto de 1963, en las escaleras del Monumento a Lincoln en Washington. Sin embargo, el pasado sábado 24 de marzo, la historia de esta frase comenzó un capítulo completamente nuevo.

Yolanda Renee King, nieta del líder del movimiento de los derechos civiles en Estados Unidos, repitió las palabras de su abuelo muy cerca de donde él mismo las enunció por vez primera, hace 55 años. Con solo nueve años de edad, Yolanda subió a la tarima con la seguridad de una líder que conoce el legado que le antecede y el poder de las palabras.

Yolanda Renee King, nieta de Martin Luther King Jr., habla en “La Marcha por Nuestras Vidas” en apoyo al control de armas. Foto: Andrew Harnik/ AP

“Mi abuelo tenía el sueño de que sus cuatro pequeños hijos no fueran juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su carácter”, dijo la pequeña King, evocando exactamente la misma frase que utilizó el Dr. King en en 1963.

“Yo tengo un sueño en el que ya tuvimos suficiente y en el que este mundo sea uno libre de armas. Punto”, exclamó la pequeña. 

El reflejo de Martin Luther King se advierte en Yolanda, en la denuncia de su voz contra las armas; en los puños en alto de la gente, en las víctimas de crímenes raciales que han gritado su denuncia, en los vilipendiados de la felicidad que han dicho “basta.

La muerte invita al pueblo a salir a las calles. La tristeza se contagia, pero se vuelve escudo y arma de combate. La injusticia continúa medio siglo después, pero cincuenta años no asesinan un sueño.

No hay comentarios: