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sábado, 14 de mayo de 2016

El drama de los dominicanos hijos de haitianos también impacta en las urnas

El drama de los dominicanos hijos de
haitianos también impacta en las urnas.
AFP
Maria Isabel SANCHEZ
Fuente, http://elnacional.com.do/

EL SEIBO, República Dominicana, 14 Mayo 2016 (AFP) – Yanil es una empleada doméstica de 29 años. Sus padres llegaron hace 40 años de Haití a trabajar en los cultivos de caña. Ella nació en República Domincana y ha sufrido la marginación de los descendientes de haitianos. “No vota”, dice su cédula. En el portal de una sencilla casa en La Higuera, en El Seibo, 150 km al noreste de Santo Domingo, muestra a la AFP el documento que tiene hace tres semanas y lamenta no estar entre los 6,7 millones de dominicanos llamados a votar el domingo en elecciones generales. “No he podido inscribir (en acta de nacimiento) a mis hijas y ya tienen 8 y 6 años, porque no tenía cédula.

Sin el documento es difícil conseguir un mejor trabajo, no se puede comprar ni un teléfono, no se puede hacer nada”, asegura Yanil, de cuyo frondoso pecho cuelga un rosario.

Yanil Quiza es una de los miles de dominicanos hijos de haitianos que cayeron en un limbo desde que hace una década las autoridades dejaron de dar documentos a descendientes de extranjeros que no pudieron probar el estatus legal de sus padres. La situación empeoró en 2013 con una sentencia judicial retroactiva a 1929 que despojó de la nacionalidad a unas 250.000 personas con padres extranjeros considerados “en tránsito”, la mayoría de ascendencia haitiana. Miles fueron deportados.

Abriendo sus penetrantes ojos negros, recuerda los días en que funcionarios de migración buscaban a indocumentados para deportarlos: “Cuando estaban recogiendo, algunos vecinos decían: ¡que se lleven a todos los haitianos pa’su país”, relata Yanil.
Bajo una lluvia de críticas internacionales, el gobierno de Danilo Medina -favorito para ser reelegido por otros cuatro años-, intentó mitigar los efectos del fallo con una ley que devolvía la ciudadanía a unas 55.000 personas.

Pero muchas fallas de procedimiento y trámites engorrosos impedirán que miles ejerzan el sufragio en las elecciones de 2016. “Esto ha sido discriminación, por ser hijos de haitianos, otras nacionalidades no tienen ese problema. Es un odio racial de hace mucho tiempo”, aseguró Epifania St. Chals, una descendiente de haitianos activista del Movimiento (www.) Reconoci.do, defensor de los derechos de miles de afectados.

¡Para ellos uno no es gente!

Como Yanil, Andy Derivarle, un joven de 24 años delgado y de brazos fuertes, se desanimó varias veces de “tanto dar vuelta” para que le dieran su cédula. Ahora la tiene, desde hace unas dos semanas, y tampoco puede votar porque el registro electoral cerró el pasado 15 de enero. “Me pedían ‘cuarto’ (soborno) para no hacerme problema.

Pero soy pobre. Si uno no tiene cédula hay que coger lucha (trabajar duro) cortando caña, pero ahora que la tengo puedo buscar algo mejor, aunque no pueda votar”, dice Andy, quien vive en un batey, pequeños caseríos de obreros de las fincas de caña de azúcar que no tienen ni los servicio básicos.

Manolo Pie, a cuyo padre haitiano alguien le entendió ese apellido en lugar de “Pierre”, apenas acaba de pedir la cédula, a sus 27 años. Por no tener documentos no pudo estudiar en la secundaria y es, igual que Andy, “chiripero”, un trabajador de “lo que salga”.

“El que no tenga cédula, no existe. Esto viene de arriba, de la gente grande (poderosa). Soy dominicano y no puedo votar. A los blancos no les gusta ligarse con los negros, para ellos -no todos- uno no es gente”, dice en su humilde casa en Santa Rita.

St. Chals, quien ha acompañado a la AFP por varios lugares de El Seibo donde hay dominicanos hijos de haitianos en casos similares, ve tintes políticos en la situación: “A muchos no se las dieron a tiempo porque seguro votarían en contra de este gobierno”, aseguró. Pero el problema de fondo ha sido “doloroso”, afirma. “Por no tener cédula, muchos tienen que hacer los duros trabajos que hicieron sus padres.

Tienen sueños de salir adelante, pero no los pueden alcanzar”, comenta con tristeza. Yanil, como Andy y Manolo, sueña también con ir algún día a Haití. “Allá están pasando hambre, pero quiero conocer. Ahí están nuestras raíces”, dice ella, quien espera dar una mejor vida a sus niñas. Ya con cédula, buscará trabajo en una tabacalera en la zona franca. AFP

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