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| Máximo Laureano |
Fuente, http://www.vozdiaria.com.do
¿Qué hay detrás del joven de pelo largo y rizado, liceísta y periodista entusiasta?
Laureano nació en El Batey La Hormiga, provincia Samaná, por su afición a los juegos, desde niño quería ser cantante y pelotero; también se inclinaba por ser cronista deportivo, pero descubrió “que no hay cronistas deportivos, con el rigor que implica la crónica; sino que hay periodistas en ese ámbito de los deportes”.
El crecer en un campo, en ese ambiente de levantarse antes de salir el sol e irse al trabajo, le privó escuchar de su padre un te quiero, un eres importante para mí, más le reconforta que su madre se sienta orgullosa de él y se lo exprese constantemente.
Se auto describe como un hombre tímido quien en su adolescencia tenía un grupo reducido de amigos que le conocían y compartían con él, que sabían quién era en realidad.
Timidez que a su entender lo llevó a perder muchas cosas: tras un suspiro dijo: “Me faltó en ciertos escenarios mostrar que yo tenía la capacidad para hacer lo que quería, a causa de mi timidez, dejé pasar muchas oportunidades”. Por lo que le sorprende pensar quién era y quien es ahora, “de ese mundo de timidez a este mundo público”.
El mismo nos cuenta que detrás de la coraza periodística hay un Máximo Laureano muy tímido, que las filas, la aglomeración de personas le dan miedo. “Máximo llega a un lugar y teme entrar, busca la puerta tal vez por donde me miren menos”.
¿De dónde nace entonces el deseo de ser periodista?
“Yo me crié con mis abuelos, recuerdo que en la sala de la casa dije yo voy a ser periodista, todos me miraron sorprendidos y dijeron tú estás loco, porque yo quería ser como Tomás Troncoso, comentarista de los Tigres del Licey, mi equipo favorito, quería ser como Marino de Jesús, José Bejaran, José Manuel Escarfuller, quería ser como los locutores de los noticiarios de Radio Mil, Clarín Informativo”.
Ya viendo su sueño hecho realidad procura que su profesión más que periodismo sea servir a los demás, apegado a la ética y velando por el erario público, “no es que yo sea filántropo, pero quiero que mi profesión responda al servicio”. No obstante, dice con pesar, “el ser muy roca izquierda y extremista me apartar de ese ideal”.
Un hecho que marcó su corazón
Para nadie es un secreto que la partida de un ser querido es un momento muy doloroso en la vida de las personas. Y más aún si te asalta la duda de si está vivo o no.
Es esa incertidumbre, la que día a día acompaña a Máximo Laureano, desde que uno de sus hermanos se fue a Puerto Rico, de forma ilegal, “no sabemos si en yola o cómo pero no hemos sabido nada de él”, dijo con voz quebrantada y lágrimas en sus ojos.
Por las condiciones lógicas de las cosas cree que no está vivo, pero desde otro punto de vista cree que sí lo está. Mi compañera de vida me anima y me dice, “él está vivo por ahí”.
Respira y con la mirada envuelta en la nostalgia manifiesta “es difícil describir esta ausencia, porque mucha gente me pregunta cuántos hermanos tengo, yo digo somos cinco, pero no puedo decir hay uno desaparecido, o somos cuatro, mi hijo mayor no lo conoce, el otro día me preguntó que cómo era para hacer una comparación”.
El también padre de cuatro hijos, externó que la lucha por la vida, el saber que uno tiene tantas ocupaciones es lo que no lo deja tanto tiempo pensar en esa lamentable situación.
Ya con una sonrisa en los labios, como quien está seguro que las personas mueren cuando las olvidamos expresa, “en ocasiones escucho canciones, de hecho tengo temas de él, él era cantante de bachata, yo escribía las letras y él la cantaba, tengo grabaciones en casete y fotos”.
Laureano, quien no se considera practicante religioso, pero entiende que si no hubiese sido por Dios, no estaría escuchándole, “antes de anoche me soñé con él, creo que eso es un alimento para mí de parte de Dios”.
A lo que agrega: “Hay muchas cosas que nos dejan las personas, lo que me alimenta de esa persona es lo que él me dio, él era mi admirador, me protegía, él quería que yo estudiara, que me hiciera profesional, en fin, lo que la gente deja en ti es lo que vale”.
Un poco de su rutina diaria
Cuando su esposa se va a trabajar él tiene que estar en la casa hasta que la muchacha que cuida al más pequeño llegue, que son 45 minutos. A las doce va y les sirve la comida, luego recoge al hijo mayor y despacha a las dos niñas al colegio y recibe al más pequeño.
Máximo concluye la entrevista diciendo: “Tu condición de vida es hoy, si no vives el hoy no podrás vivir el mañana”.





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