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lunes, 29 de abril de 2019

Abusadores

Por Miguel Cruz Suárez/Caribbean Digital

Pedro Torrejas se convirtió en vendedor hace dos años. Tiene una bicicleta de tres ruedas con un cajón de madera y vidrio donde expone empanadas y esa otra golosina que le ganó el apodo que a la larga casi sustituye su apellido real, dejando de ser Pedro Torres para pasar a ¨Torrejas¨. Sobre el triciclo expone un anuncio en letras rojas EMPANADAS BARATAS, SE ACABÓ EL ABUSO y sin embargo una semana tras otra, las dulces suben un poquito de precio, se ponen más chiquitos y llevan menos relleno.

Narciso, el hijo de Mario Coba y Giselita Arde, que heredó esos apellidos con mucha justeza (Coba – Arde) acostumbraba a golpear a su esposa por cualquier bobería y la mujer aguantó en silencio un tiempo hasta que se cansó de semejante violencia, se fue a vivir con otro hombre y le dejó una nota al exmarido: ME HE
ACOSTUMBRADO TANTO A LOS GOLPES, QUE ME FUI A VIVIR CON UN EXPERTO EN EL TEMA, AHORA SOY LA MUJER DE REMBERTO GUANTE DE PLOMO, EL CAMPEÓN DE BOXEO, AL QUE NO LE GUSTA PEGARLE A LAS MUJERES PERO SI A LOS HOMBRES, SI TE CUADRA TE LO PRESENTO.

Allá en la escuelita también teníamos un abusador típico, come meriendas y rompe libretas, Nino ¨Leche de Cardona¨ un muchacho alto y de mayor edad que los otros, que debido a su pobre rendimiento académico no lograba pasar de grados y vegetaba como un objeto anacrónico dentro de los alumnos mucho más pequeños que él, estuvo haciendo de las suyas hasta que se descubrió que le tenía miedo a las lagartijas y terminó pidiendo la baja de su aula, donde para mediados de curso había 15 muchachos y más de cuarenta lagartijitas de todos los colores, cuidadas y alimentadas con esmero por la colectividad.

Los poderosos suelen ser abusadores, les apasiona el combate desigual y la humillación de los más débiles, todo les resulta bien hasta que los pequeños se deciden a cerrar filas y armados con la razón, pueden alcanzar dimensiones mayúsculas, ante las cuales la cosa empieza a cambiar y el mono se suelta las amarras, afina la puntería y termina cayéndole a pedradas al León.

En Cuba sentimos un especial desprecio por los abusadores, se vivieron tantas historias de abuso con los guajiros, los obreros, las mujeres y los negros, antes de 1959, que a pesar de algunos que apuestan por el olvido de aquellos años sin luz, la memoria colectiva es más fuerte y sabe identificar cuál fue el punto donde las cosas empezaron a cambiar y la justicia dejó de ser aliada de las minorías.

El autor es cubano, colaborador de los periódicos Granma y Juventud Rebelde.

La Bicicleta

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